viernes, 27 de septiembre de 2024

CONCIENCIA INDIVIDUAL, CONCIENCIA PLANETARIA, CONCIENCIA COSMICA


Entender el reflejo de la conciencia como guía en el camino evolutivo de la humanidad es un desafío mayor. Filósofos de todo lugar y cultura han buscado explicar la pregunta existencial que todo ser humano trae desde su nacimiento: ¿Por qué y para qué existo? Pregunta que continúa vibrando a medida que la conciencia colectiva nos fuerza a responder como grupo sometido a los mismos desafíos en esta época presente.

La astrología actual, la llamada humanista o evolutiva basada en el Zodiaco, nos da una posibilidad de comprensión al develarnos cómo los descubrimientos del universo físico y energético del sistema solar en el que se halla la Tierra explican la evolución de la conciencia como especie. Evolución que, desde luego, nos implica como individuos si partimos de que existimos en función y relación a los otros humanos y no-humanos.

En primer lugar, como individuo y especie, experimentamos ser y existir a partir del espacio vital que nos rodea. La Tierra, que es nuestra conciencia (concepto de Gaia), es nuestro primer hogar desde el tiempo medido y registrado como seres vivientes en este planeta, así como lo es nuestra madre física en nuestra vida individual. Por lo cual ese concepto de madre personal lo hemos proyectado a la madre tierra, la Pachamama, fuente dadora de nuestras necesidades básicas para sobrevivir.

Posteriormente, nuestros ojos reconocen en el Sol y en la Luna, dos luminarias que van a determinar ciclos fundamentales para aprender a vivir sobre esta esfera electromagnética que nos envuelve y cobija, con la cual establecemos una comunicación vibrante porque también somos sus hijos, seres pulsados por las mismas fuerzas.

Sol y Luna como Marte y Venus van a simbolizar aspectos de nuestras polaridades femenina y masculina, energías que definen este plano o dimensión de conciencia en el que discurre la historia humana. Júpiter y Saturno van a expresar las posibilidades (expansión) y las limitaciones (contracción), energías que van a jalonar nuestras experiencias y elecciones en mayor o menor medida, tanto individual como colectivamente.

Cuando la conciencia humana reconoce la existencia de otros planetas en este sistema solar en el que nos hallamos, Urano, Neptuno y Plutón, es cuando vamos a profundizar en una visión que deja de ser local para hacerse universal. Son los llamados planetas transpersonales (en oposición a los personales ya mencionados) descubiertos en los siglos XVIII y XIX (J.C.G.).

La conciencia de nuestra ubicación como universo local y como parte de una de las miles de galaxias descubiertas, conlleva simultáneamente una percepción expandida y realista de nuestro propio mundo por la conexión que producen las migraciones de la población y los avances recientes de la tecnología.  Nuestro microcosmos se asemeja al macrocosmos con nuevos desafíos físicos y psíquicos que como individuos nos involucran en una conciencia colectiva por los determinismos propios de coexistir en un mismo espacio/tiempo.

La ciencia como cosmovisión, con leyes basadas en la experimentación que nos unifica en una forma de pensar y de hacer, tanto en las ciencias naturales y físicas como las sociales y psicológicas, nos otorga un sistema de referencia.  Nuestra conciencia cada vez más global y universal nos da la posibilidad de reconocer nuestra potencialidad humana desde el ser individual que puede co-crear su vida personal en armonía con la vida de los otros, el mundo restante y de allí emerge su conciencia de unidad, de hacer parte de un Todo, cuando se da cuenta de que sus actos pueden producir efectos tanto adversos como positivos para esa totalidad de la que hace parte.

Arribamos así en una era que trae a gran velocidad, imperiosos cambios que implican resiliencia, empatía y crecimiento personal para poder responder a los desafíos como especie. El tiempo se acelera, las generaciones humanas sucesivamente van señalando nuevos retos y nuevas maneras de concebir la vida sobre el planeta.

Sin embargo, la repuesta a aquella pregunta existencial continúa taladrando la psique personal y colectiva. La información que nos brindan los avances científicos y que circula a nuestro alrededor constantemente no nos hace más sabios si tenemos en cuenta la manipulación misma que de ella se hace. La presión social y económica continúa exigiendo soluciones día tras día para la mayoría de la población. Asistimos a una correlación de fuerzas que conlleva respuestas inmediatas y prácticas y las existenciales y trascendentales ya no las responden la identidad cultural o nacional, las religiones o los gobiernos. El sentido de identidad está quebrantado hasta la médula de lo que reconocíamos como únicas opciones de género, hombre o mujer. Condicionados al medio social y a la economía, los individuos difícilmente pueden atribuirse la libertad de decisión sobre un mejor futuro para sí y su descendencia. La crisis ambiental tampoco ayuda.

He aquí la paradoja. Porque a la vez, el individuo pretende tener el destino en sus manos si responde a los desafíos desde el paradigma del empoderamiento y se hace a herramientas que le permiten labrar su camino personal confiando en su poder de elección, soltando programaciones y expectativas de su origen familiar, social y cultural y aventurándose a encontrar lo que lo haga a lo mejor exitoso, probablemente feliz.

La encrucijada es la señal de estos tiempos que atravesamos. Cada vez más, nos enfrentamos a la necesidad de definiciones en las áreas de la política de la cual hacemos parte como grupo social. En el tema ambiental vamos concientizándonos de sus urgencias a nivel local y global. Y a la vez, somos recursivos en solventar los imprevistos y vicisitudes, en trazar una ruta mínima que nos ayude a superar el día, la semana o el mes. Vamos entendiendo de qué se trata vivir en la incertidumbre que nos planteó la pandemia.

Los astrólogos pueden interpretar sucesos personales y globales de acuerdo con las influencias de los astros y las relaciones de estos entre sí. Los aspectos astrológicos que marcan cambios fundamentales para la humanidad actual y futura tienen como protagonistas a los planetas transpersonales.

Astrológicamente, la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno en el signo de Acuario en diciembre de 2020 marca el fin de una era influenciada por el elemento tierra y el comienzo de una era de aire de 200 años con el ingreso de Plutón en Acuario en 2024 y Urano en Géminis en el 2025, y del todo en 2026 (Acuario y Géminis, signos de aire).

Nos es fácil entender hoy en día el impacto que tuvo la pandemia en el desenvolvimiento de una nueva normalidad.  Y ya hace varios años estamos viviendo otra transición, la que va desde la era de Piscis a la era de Acuario: “Estas transiciones entre eras astrológicas se integran dentro de lo que se llama el Gran Año, un período de 26.000 años que es la duración del ciclo que traza el eje de rotación de la Tierra en su movimiento de precesión” (J.M. p. 59) y que ha dado lugar a diferentes eras que traen las características generales del signo al cual el eje de rotación apunta en el segmento del cielo que ocupa esa constelación. Eras que duran más o menos 2.300 años, la de Piscis estuvo marcada por la religión como institución en la cual el individuo hace parte de un rebaño, se victimiza y se sacrifica para ser redimido en la promesa del paraíso celestial. La era de Acuario es la apoteosis del individuo que busca ser libre con el poder de la ciencia y el conocimiento que le aporta, el surgimiento de una conciencia global gracias a la red de relaciones de seres humanos diversos y respetuosos de la diversidad.

La precesión de los equinoccios

Estamos frente a cambios que corresponden a la energía que circula en nuestro universo, cada vez más expandido como la conciencia que lo percibe. Tiempos de transición entre estas dos eras donde la tecnología resultante del desarrollo de la ciencia del siglo pasado viene siendo utilizada como herramienta de manipulación y su uso a nivel individual ha generado cambios en las relaciones del ser humano y su entorno.

Cuestionamientos de identidad y heterogeneidad sexual; estrés, desórdenes post traumáticos, aumento de enfermedades mentales ( ataques de pánico, depresión, Alzheimer principalmente); crisis en las instituciones sociales de las democracias representativas ( justicia, educación, salud ), aumento de la brecha entre clases,  desmembramiento de las grandes religiones y sobre todo, el resquebrajamiento de la estructura social piramidal, que anticipa el final del patriarcado (monarquías, estados/nación, grandes corporaciones, tiranías) y el desencanto de los pueblos con sus gobernantes (producto del último paso de Plutón por Capricornio): todo esto ha desatado un clima de tensión en aumento en esta transición a un nuevo siglo.*(1)*

Y es aquí donde el papel de Plutón en Acuario es fundamental para un proceso de conciencia mayor ya que según el signo por el que pasa, Plutón genera procesos de crisis, muerte y transformación, en un rango de tiempo de veinte años, a diferencia de los planetas personales que son de influencias más cortas en los signos por los que transitan. Plutón revela y exacerba lo tóxico en cada signo y las consecuencias del mal uso de su circuito energético.

En su paso por Capricornio (2008-2024) nos mostró la crudeza del patriarcado asentado en el poder, desconectado del pueblo, en alianza con las religiones oficiales y mediante el abuso de ese poder condujo a la extracción obsesiva de recursos y a la alienación de la población. Capricornio representa el poder y con Saturno, su regente, da estructura y lineamientos que Plutón viene a cuestionar.

En Acuario, signo del aire común, de la atmósfera del planeta compartida por todos, este tránsito de Plutón en Acuario va a tocar varios aspectos de la sociedad creando rupturas, cambios radicalmente democratizadores y necesarios para limpiar y sanar nuestra atmosfera física, la corrupción generalizada de los gobiernos y grandes corporaciones, el control social por medio de la propaganda y la desinformación de las redes sociales, el veneno de las relaciones humanas sociales y laborales, la segregación por razones de género, clase, raza y religión que nos dejó la era anterior.

Hechos históricos del tránsito de Plutón por Acuario, entre otros, fue el llamado Siglo de las Luces donde se gestaron la Revolución Francesa y los procesos independentistas en América, y los tiempos actuales están signados bajo los mismos aspectos astrológicos de la antesala de la Segunda Guerra Mundial.

Plutón en Acuario “nos habla de la inevitabilidad e irreversibilidad de la muerte de una sociedad, su disgregación y el nacimiento de otra profundamente distinta” … “El signo de Acuario está relacionado con la ciencia como epistemología, los descubrimientos científicos, los avances tecnológicos, el espacio exterior, común a todos, las revoluciones políticas y sociales, el cambio social, el igualitarismo y las ideas progresistas” (J.M.p.117).  Las tecnologías actuales se han ido centralizando para su control y producción, pero con Plutón en Acuario serán cada vez más expuestas y repuestas al servicio de todos como fueron concebidas.

Lo colectivo será cada vez más predominante en cuanto a desafíos y soluciones.  La sustitución paulatina de estructuras verticales por unas más horizontales, de sistemas en red, distribuidos y descentralizados, con los cuales la sociedad de clases conocida se irá transformando, dando paso a una tecnoclase “compuesta por una mezcla heterogénea de personas emprendedoras y creativas de todos los campos de actividad imaginables”. (J.M. p. 105) “Las redes acuarianas se forman por afinidad de ideas entre individuos libres que comprenden que el grupo les ofrece grandes posibilidades de expresión personal”. (J.M. p. 110) La democracia participativa podrá ser una realidad. ¡Ya estamos presenciando la renuncia de los millenials a ser empleados convencionales!  

Este proceso no será fácil: ante nosotros se despliega una avenida que puede conducirnos a una época humanista donde lo colectivo será el potencial creativo que impulsa este siglo y la energía de lo femenino aportará sus bases. Sin embargo, las sombras de Acuario se manifestarán en un dogmatismo científico que entronizará la razón y despreciará lo material e instintivo, lo emocional y personal. El uso de la tecnología como beneficio o medio de autodestrucción será la gran incógnita que planteará este tiempo por empezar. Por ende, serán tiempos convulsos, en el que el ser humano sea como sea, se verá empujado a la necesidad de reinventarse*(2)*.

El individuo acuariano se debatirá entre los modelos de perfección que imponen las tendencias en la red con la realidad de ser humanos, imperfectos y falibles. La tensión de asumirnos como individuos con la inmensa responsabilidad de convertirnos en seres íntegros en completa posesión de nuestros atributos divinos como humanos, (“uno y muchos, ángel y demonio, espíritu y cuerpo, deseo y desapego” (J.M. p. 103) será el desafío a nivel personal.

La posibilidad de tener todo el conocimiento a disposición, la capacidad de haber desarrollado tecnologías que han simplificado la vida contrasta con la incertidumbre frente al futuro que ha provocado el riesgo de extinción frente a los cambios planetarios provocados por la especie humana.

Plutón representa la pulsión constante entre lo que vive y muere, nos enseña a morir para volver a ser, un proceso común a todo lo que conocemos; mientras lo asimilamos, creará desasosiego y ansiedad, oposición y miedo a perder lo conocido así sepamos que no es lo ideal. No es casual que las teorías conspiracionistas estén en boga reflejando el escepticismo e identificando al causante del mal de la época en el otro, al que continuamente se refieren como “ellos”.

La angustia existencial del paso de Plutón por la constelación o signo de Acuario nos trae de nuevo a la pregunta inicial: ¿por qué y para qué existo?  La respuesta ya no será solo individual porque en el proceso hemos comprendido que existimos en múltiples dimensiones de manifestación, en forma y proyección, en contenido y esencia. La vulnerabilidad que provoca la existencia misma frente a la desaparición física se suma a la desaparición como especie que la ciencia ficción ha venido mostrándonos desde la novela de Orwell hasta el cine actual. Sin embargo, la realidad siempre supera la ficción y de acuerdo con el sistema astrológico, la energía de Leo, opuesto a Acuario, nos ayudará en “poder capear estas tormentas sociales acuarianas desde la conexión profunda con nosotros mismos, con nuestra esencia y propósito” (J.M. p.114).

“La función fundamental de Plutón es hacernos profundizar a través de las capas de vulnerabilidad de nuestra personalidad hasta encontrar ese núcleo invulnerable, al que nada toca, y que sin embargo puede tocarlo todo.” (J.M., p. 103)

Con esta frase podemos entender la magnitud de la presencia de un planeta pequeño y frio en el borde de nuestro universo local, que “nos obliga a encontrar en nosotros mismos ese lugar invulnerable e indestructible desde el cual desplegar recursos ligados a nuestra capacidad de morir y renacer” (J.M.p.101).

El viaje de exploración del universo físico y psíquico en la actual Era de Acuario nos invita a la disolución del ego y a la ascensión espiritual, a nuevas fronteras donde las preguntas dejarán de tener significado porque la existencia misma será su respuesta como creadores de la realidad. Ya este camino ha sido recorrido varias veces en ese proceso de acercarnos y alejarnos del centro de la galaxia como sistema solar en el que la conciencia duerme la mitad del ciclo de precesión (de los equinoccios) y en la otra despierta: ese es el significado de la nueva era del despertar tan preconizado por distintas culturas y profecías.


Las eras o yugas según la cosmología hindú

Puedo vislumbrar a futuro que, así como colapsa la energía – como luz- en un agujero negro, puede colapsar nuestra conciencia – también es luz- dejando atrás la mente para diluirnos en un estado de mayor conexión al sentido de ser más que al significado de existir donde la corporalidad no nos limita por que habremos superado un nivel de evolución que nos dispara a otra realidad astral, a otros mundos estelares donde se experimentan nuevos desafíos como seres espirituales que somos.

Historias, relatos, orales, escritos, dictados y canalizados de estas posibilidades como verdades, son amplias y extendidas. Solo queda el mantener la pregunta viva para encontrar en cada individuo y época, las diferentes respuestas hasta que disolvamos la mente individual en el océano de la conciencia cósmica.

 

*(1) *Otros eventos astrológicos que han ido configurando el advenimiento de esta época para la humanidad son los tránsitos previos de Urano (regente de Acuario de 1995-2003) y el de Neptuno (1997-2012) por Acuario que incidieron en el imaginario colectivo con las utopías científicas y tecnológicas (Urano) y las fantasías de redención tecnológica (Neptuno).

*(2) *El decenio de 2024 a 2034 va a estar marcado por el paso de Plutón por Acuario y por los aspectos que forme con los otros dos transpersonales, Urano y Neptuno y con Saturno y Júpiter. El trigono de Urano (en Tauro y posteriormente en Géminis) con Plutón en Acuario y Neptuno en Piscis y luego en Aries dará lugar a “revoluciones, levantamientos, pronunciamientos, rebeliones, epifanías, iluminaciones, y despertares uranianos tanto personales como colectivos que nos van a conectar con lo colectivo…” (J.M. p. 95).

Escrito con apoyo de Astrología para el Nuevo Orden Mundial de José Millán, Ed. Planeta, 2024 y Canal Youtube de Juan Carlos Gomez   https://www.youtube.com/live/k5Pf--gSLiI

domingo, 7 de abril de 2024

LA MAGIA DE RECORDAR

 


Para Zully Brito, con amor eterno

La danza de la luz y la oscuridad


El ser humano en el plano de la tercera dimensión de conciencia se desenvuelve entre los opuestos complementarios fácilmente observables en el transcurso del dia a la noche o del frío al calor y  están simbolizados en el firmamento con el astro rey, el Sol de nuestro sistema solar y la Luna, el único astro satélite que orbita la Tierra. 

Entre estos tres cuerpos planetarios, la luz y la oscuridad danzan permanentemente inspirando a la Humanidad a una reflexión ontológica creando narrativas de trayectorias culturales diversas con significados universales conocidas como arquetipos. Estas construcciones mentales están arraigadas en el inconsciente colectivo y se revelan y constatan a medida en que el ser humano se adentra en el conocimiento de sí mismo.

Los relatos mitológicos se convierten en sustentadores de una realidad dada y alimentan la psiquis colectiva y por ende, la psiquis del individuo.

La polaridad que representan los opuestos complementarios de la luz y de la oscuridad hace referencia esencialmente a la energía masculina/femenina, a la cual se le atribuyen cualidades, siendo la capacidad de reproducir la vida la fundamental y a partir de allí, en su manifestación como función social y en su comportamiento individual.

Así como en la mitología de los pueblos se pretende explicar el sentido de la existencia, su origen y raíz,  la ley de causa y efecto que rige los fenómenos que ocurren en el tiempo/espacio unidimensional, también da fe del devenir y razón de la existencia.

Por lo tanto, ante este universo físico y mental que se desenvuelve para el ser humano, sea como individuo o colectividad, surge la inevitable función de la historia que es el acto de recordar y de garantizar así el sentido de la existencia y su perpetuidad. 


El karma


La ley de causa/efecto o ley del karma nos permite una visión de continuidad donde las relaciones entre los eventos permiten hacer asociaciones generales del comportamiento del mundo físico y psíquico de la sociedad y de las personas. Los dos polos en los que se ha dividido la cultura humana que más ha determinado el devenir de los 5.000 años de historia registrada y avalada del planeta son Oriente y Occidente, considerándose más antigua la tradición oriental. Esta tradición reconoce la reencarnación como producto de  la ley del karma porque es en base a nuestros actos como creamos efectos en nuestra vida y esos efectos pueden ser hábitos, pautas de comportamiento y programaciones mentales que se transfieren de una vida a otra, convirtiéndose en surcos o huellas (samskaras en sánscrito) que el alma repite y repite, hasta liberarse.  

El karma también marca las relaciones con otros en nuestras diferentes vidas. Existe un karma personal pero también familiar, de pueblos o naciones, de planeta. Es debido a esta ley que los arquetipos se han conformado en la psiquis colectiva como también podemos observar características genéticas tanto físicas como comportamentales  (carácter, tendencias en gustos, etc.) en líneas de descendencia. 

Para la mentalidad occidental, el karma es un concepto poco arraigado ya que en Occidente la mente es de corte científico donde solo lo que se ve y se puede comprobar es válido. De manera coloquial se considera el karma como algo negativo cuando, en si, no tiene un valor por ser una ley universal que para Occidente no opera en la vida consciente de los individuos ya que la creencia de la reencarnación fue cercenada de las escrituras bíblicas que son la fuente más antigua de esta civilización. 

El karma procura las lecciones que aprendemos para evolucionar y que como muchas lecciones, debemos repasar a partir de las experiencias que la vida nos ofrece como oportunidad de crecer en conciencia.


Los caminos de la iluminación


El ser humano se ha adentrado en el conocimiento de la naturaleza de su entorno y de su ser interior. Ambas esferas de su existencia le han permitido dar con claves para guiar su camino evolutivo en conciencia para las transformaciones que requiere. Una de las respuestas a la pregunta universal de cuál es el propósito de la existencia es la búsqueda del ideal de un estado permanente de gozo, paz y armonía. Muchos caminos han sido creados para esta búsqueda tanto en Oriente como en Occidente: escuelas iniciáticas, filosofías, prácticas como la introspección y la meditación, herramientas como la astrología, que en general, han requerido de guías y maestros para respaldar estos procesos formativos.

En tiempos modernos, el proceso ha sido más individual a medida que la información está al alcance de la mayoría y el individuo bebe en distintas fuentes, resonando más con unas u otras, lo que prefigura una correspondencia entre su propio camino y lo que la sabiduría antigua y la ciencia actual tienen para ofrecerle.

Es así como esta búsqueda de respuesta al sentido de la existencia conduce a verdades que el individuo confirma o desiste en su experiencia de vida cultivando una guía interior que lo hace más libre en la exploración y conquista del conocimiento de sí mismo, en relación al mundo que lo rodea. Cada individuo es un mundo psíquico en el que se manifiestan los arquetipos universales y a través de los cuales puede reflejarse para una mayor comprensión de sí mismo y de su razón de existir.


El espejo


Todo camino de auto indagación implica situaciones incómodas ya que levantar la máscara del yo nos expone a mostrarnos como somos para lo cual el espejo del otro nos sirve para entender los mecanismos que ponemos en práctica para defender nuestra autoimagen con la cual logramos identificarnos ante el mundo y que conocemos como el ego. El ego es tanto el resultado del proceso de individuación como la manera de concebirse separados del resto que no soy yo. 

Esta concepción está basada en un nivel de pensamiento propio de la naturaleza de la mente inferior en la que los valores de bueno y malo generan prejuicios que sólo el discernimiento puede servir para entender que tales valores nos limitan en profundizar el propósito de encontrar respuestas a quiénes somos y para qué existimos.

Para comprender nuestra naturaleza humana como individuos en relación, el espejo nos va a permitir darnos cuenta de la sombra, aquello que no aceptamos de nosotros mismos y que vemos en otro, sea por afinidad o rechazo. Esta observación permite dar un salto cualitativo en la conciencia de quienes somos y vamos siendo pues la vida es un flujo continuo donde el misterio de la existencia se devela poco a poco. Solo con una mentalidad expandida,  dispuesta a reconocer toda situación incómoda como reflejo de algo que requiere expandir la luz de la conciencia,  puede ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos como a los demás y a hacer consciente lo que está inconsciente, que gracias a la interacción con los otros, se nos permite revelar. 


La liberación del sufrimiento


La vida humana fluctúa entre el dolor como sufrimiento y el placer como felicidad y por lo tanto, la búsqueda del ser humano ha consistido en liberarse de ese condicionamiento propio de toda existencia. El concepto de la realidad como ilusión de la mente y como proyección de condicionamientos sujetos al karma permite expandir la conciencia hacia lo que no somos, las falsas identidades y creencias y lo que somos en esencia. 

Se trata de superar el juego de la polaridad en la que estamos inmersos, reconociéndola para así, disolverla y poder habitar un espacio de percepción de la realidad más neutro, desde un lugar más centrado y con una dinámica más fluida y desapegada.

Este estado del ser está afirmado en la confianza de la vida que tenemos cuando rescatamos el niño o niña interior, inocente y puro; cuando disfrutamos de lo que llega a desafiarnos como oportunidad de crecimiento; cuando jugamos con la luz y la oscuridad  para conocernos en nuestros aspectos personales que resuenan con aspectos universales porque recordamos que “somos uno”, una creación divina manifestada en una creación humana donde mente y cuerpo, corazón y espíritu se funden y reverberan como fuerzas constitutivas en todo ser humano, en todo tiempo y lugar.


La magia de recordar


Cuando el ser humano se observa en su devenir, etapas de desarrollo, diferentes edades, relaciones con los otros, familia y sociedad, experiencias propias a su lugar y tiempo, tiene la oportunidad de cumplir la misión inherente a la existencia en este plano de tercera dimensión de conciencia para responder aquellas preguntas trascendentales de quién soy y porqué existo y así, evolucionar a planos más elevados, libres de sufrimiento, ya que ha aprendido a superar las pruebas propias de esta escuela que es la Tierra en esta dimensión.

Es así como se convierte en mago, en creador de su propia realidad, independiente de los condicionamientos que trae su alma por la ley del karma. Cuando el individuo comienza a recordar su naturaleza humana y divina puede hacer elecciones y cortar los cordones umbilicales que lo atan a esta humanidad basada en el ego y sus proyecciones. Porque el hecho de recordar hace que lo inconsciente emerja, con las emociones sujetas a las experiencias pasadas, que al revivirlas se disuelven porque se reconocen a la luz del entendimiento y sobre todo, porque se aceptan y se viven con amor y humildad. 

Recordar es reconocerse en los distintos aspectos de la personalidad. Es establecer asociaciones y relaciones con la aguda percepción de una conciencia activa que sabe reflexionar así como sabe contemplar y captar las señales que la vida nos brinda a diario, pues las cosas más sencillas nos muestran su  trascendencia y profundidad. 

Recordar es escuchar el cuerpo, es prestar atención a la voz interior, es saberse guiado por conciencias elevadas como los maestros espirituales, los ancestros, los ángeles que acompañan nuestras encarnaciones y en quienes encontramos la fuerza y la luz necesarias para servir al planeta en su ascensión a la quinta dimensión de conciencia, la del amor incondicional, el amor universal que nos conecta y nos sostiene en nuestro camino de evolución. 


El acto de soñar


Soñar es un estado fuera del tiempo lineal. Soñar nos permite recordar y a la vez, crear la realidad que necesitamos vivir si actuamos en conciencia. El don de soñar lo tienen personas con visión, capaces de trascender dimensiones y dispuestas a recibir información. Es un don que podemos desarrollar si prestamos atención a cómo la vida se nos muestra tal como es. Si estamos dispuestos a expandir la mente y a abrir el corazón, a disolver las limitaciones del pensamiento racional y a abarcar ambos hemisferios cerebrales en unidad. A sumergirnos en las aguas fangosas, turbulentas y profundas de la psiquis donde las emociones afloran permitiéndoles ser sin resistencias. A salir del cuerpo físico y experimentar el cuerpo astral.

La conciencia es un fenómeno universal y como tal no es local. Nuestros cerebros son emisores y receptores y es la conexión al campo universal de la energía de donde surge la conciencia. Soñar es acceder a ese campo y explorarlo para descubrir allí una información,  la mayoría de las veces de manera simbólica, pues ese es el lenguaje de los sueños.


La Ley del Uno


La luz y la oscuridad surgen de una misma fuente y retornan a ella permanentemente, en ese sentido son lo mismo. El agujero negro de nuestra galaxia crea y recrea la realidad en distintos planos dimensionales. Salirnos del tiempo lineal es comprender el origen y encontrar la unidad. Es desbaratar la ley de causa-efecto para entender que la sincronía opera detrás de la ilusión de la realidad que habitamos. Porque si ponemos atención, la sincronía sucede en lo cotidiano para recordarnos que el tiempo lineal es aparente, es simplemente funcional.

Todo nos habla de la Ley del Uno. Experimentar el amor incondicional es el paso siguiente para evolucionar desde el perdón hacia la compasión e integrar mente y corazón.

La sensibilidad y la creatividad del hemisferio derecho del cerebro, de naturaleza femenina, balancea el karma patriarcal y es la misión para este nuevo siglo. En el planeta, debemos volcar la mirada hacia las sociedades cuyo conocimiento tradicional cultiva la conexión a la naturaleza y el respeto por la vida para  aprender de ellas.  Las mujeres son las buscadoras espirituales por excelencia pues reconocen en sus entrañas el sentido de su búsqueda. Nuevos arquetipos están surgiendo ! 


Es el tiempo de crear con el don del sueño, la sabiduría del mago y la intuición del corazón.

 


lunes, 8 de enero de 2024

MARCADORES DEL CAMBIO DE ERA: 2024, con el año del Dragón arranca la Era de Acuario!








Entramos en el 2024, un año que nos introduce de pleno en la Era de Acuario, una era de aire, con la energía de varios planetas transpersonales poniendo su huella en los personales para cambiarnos de adentro para afuera de una vez por todas.

Lo que no hayamos comprendido hasta hoy en cuanto al movimiento de conciencia necesario para seguir navegando en la transición de una dimensión hacia otra, lo podremos entender siempre y cuando la actitud sea de alerta y de  auto-observación y la disposición sea la de fluir en medio de las turbulentas aguas que nos separan de la conciencia de unidad como requisito para situarnos en la quinta dimensión, la del amor que nos reúne en un solo corazón.


Los marcadores de cambio de era que se han venido gestando en estas últimas décadas del siglo pasado y las de este siglo XXI son umbrales de una era que ha de durar 2.000 años y un poco más, en la que los desafíos para habitar este planeta necesitan de una alta frecuencia de vibración de cada uno, donde no caben aquellos estilos de vida que nos impiden desarrollar el humano divino al que nos catapulta esta nueva era.


Yo vengo en este camino de conciencia desde que mi yo adolescente se fue gestando y desde que mi yo maduro asumió la tarea de captar las señales con la experiencia que me han otorgado las pruebas existenciales que la vida puso en mi camino. He podido conectar con almas que al igual que yo, reconocen la magnitud de este despertar de la humanidad; almas que como yo, emergieron de los primeros ecos de cambio de era en los 60 's participando en movimientos de conciencia como lo fue el hippismo y el comunismo en América. Almas personificando estos procesos colectivos en su vida y en su entorno, siendo incomprendidas y apartadas, superando el desdén y la rebeldía propia de esos tiempos para avanzar con mayor coherencia y conciencia, fluyendo con  los designios que el destino traza y que el corazón abierto y dispuesto, puede asimilar y procesar.


Desde que el camino de la antropóloga se fusionó a la yoguini que he sido por tantos años, no he dejado de analizar y canalizar los movimientos de la energía que surgen en el colectivo y que así mismo se permean en los individuos. Este concepto de energía es uno de los primeros marcadores de cambio de era porque unificamos el cuerpo y el espíritu en una sola categoría, entendemos que la mente es tanto razón como emoción, conciencia e inconciencia, que el cuerpo físico es su manifestación, que somos íntegros en cuerpo, alma, corazón y espíritu.


La energía es hoy una palabra muy popular! Y es que los avances tecnológicos en todos los frentes de la ciencia están basados en este concepto. La percepción de la realidad a través de los cinco sentidos es elemental con respecto a lo experimentado por la energía a través de la comunicación tecnológica y digital (internet, redes sociales), al concepto del cuerpo como energía, a la percepción energética de sí mismo y de los otros.  Los avances de la bioenergética han demostrado que la naturaleza de nuestro verdadero poder estriba en cómo lo que pensamos y sentimos puede alterar nuestra biología. 

 

Otro de los marcadores definitivos en la conciencia actual es la polaridad masculino/femenino. Se refiere a esas dos energías en la que está basada la creación misma y que define nuestro género y sus cualidades. Todos sabemos que hemos estado en estos 5.000 años de historia de la humanidad, regidos por el patriarcado; pero no siempre fue así. Existen pruebas arqueológicas que demuestran la existencia de matriarcados y la diferencia de esos dos tipos de organización. El patriarcado nos trajo el enfrentamiento y la agresividad, no es casual que Marte, el dios de la guerra, sea el símbolo masculino. Venus, en cambio, es el planeta del romance, de la comprensión, de la reconciliación. En este siglo, la mujer se ha ganado un lugar en el manejo de la sociedad desde que su fuerza laboral ha servido a la sociedad en frentes adecuados para el aprovechamiento de esa energía femenina. El hombre como ser masculino está desfasado y el péndulo de la nueva era lo inclina a despertar la sensibilidad y la intuición. El abanico de transición entre lo masculino y femenino es evidente en el fenómeno de búsqueda de identidad de género.


La paz y la empatía es un garante de lo femenino. El cobijo y el apoyo sustentador de esta energía es propia de la naturaleza como lo es el concepto de la Madre Tierra o Pacha Mama que ha sido el símbolo de muchas culturas diferentes al modelo occidental opresor y colonizador donde la energía masculina se ha exacerbado llevando al planeta a los límites de sobrevivencia. La sensibilidad es energía femenina, el arte y la creatividad son del hemisferio derecho del cerebro, donde nace la intuición y se revela lo místico. Ambos hemisferios deben ser reunidos en la experiencia de ser humanos para lograr esa integración propia del nuevo ser acuariano.


En esa reunión, surge un nuevo ser. Ya no es el hombre pero tampoco es  la mujer, es el ser planetario que hoy tiene todos los colores del arco iris en la medida en que va en pos de esa unidad donde la dualidad se hace polaridad, es decir, donde no hay choque ni competencia sino reconocimiento y aceptación de los opuestos que nos conforman.


Esta visión amplificada corresponde a  una visión expandida del universo  gracias a  los descubrimientos sobre nuestra ubicación como planeta en ese universo que  se continúa expandiendo. La indiscutible realidad de la vida extraterrestre y los desfases encontrados en fechas arqueológicas predeterminadas hacen referencia a cambios en la información que conlleva a cambios en la percepción de nuestra ubicación espacio-temporal. 

La historia se está acelerando porque así es como se entra de lleno en la nueva era, con las influencias astrales de Plutón en Acuario durante los próximos 20 años y el trigono Pluton, Neptuno y Urano, cada uno en las constelaciones de Acuario, Piscis y Tauro respectivamente, enfatizando el predominio de los planetas transpersonales y estimulando movimientos de expansión de energía colectiva sobre la individual.


Estas influencias en la percepción del tiempo se están manifestando en el reconocimiento de que el presente es la única realidad, el pasado con su memoria se olvida pronto y el futuro es cada vez más incierto, algo que la época de la pandemia nos hizo caer en cuenta.


Hay ciclos históricos repitiéndose como lo es el conflicto entre Ucrania y Rusia y el de Palestina e Israel, enfrentamiento entre sus pobladores que ha distinguido toda la Era de Piscis, disputando de manera violenta el mismo territorio,  auspiciado por narrativas idealistas y propiciado por los que manejan los hilos del poder económico y geopolítico mundial para sus propios fines, conduciéndonos a un enfrentamiento de mayor escala sin que la gestión de la comunidad internacional logre un cese a ese genocidio.

El cambio climático es otra amenaza a la estabilidad de la realidad de esta tercera dimensión de conciencia determinada por el concepto del Ego. Junto con la situación de deterioro ambiental que afecta a todo el sistema de vida en el planeta, otro marcador determinante para la nueva era es la decadencia del ego o el yo. Este yo no es otra cosa que la conciencia humana en esta tercera dimensión, que se expande con la civilización grecorromana y que hoy en día, es responsable directa de la destrucción ambiental por su ambición de poder exacerbada por la codicia y el  acaparamiento, al llevar a la humanidad a un sistema global de producción y consumo que está acabando con la biodiversidad.


El ego sufre de una limitación para asumir de lleno la Nueva Era y es a causa del tema de identidad que define su condición y le da la visión de separatividad de todo lo demás.

El proceso mismo de individuación conlleva la separación del otro: para reafirmar su yo el adolescente necesita negar a sus progenitores y elige su nicho identitario. Los adultos buscan establecer relaciones con los que se sienten afines, las culturas se autodefinen en torno a identidades que van desde el territorio, la raza, la lengua y las costumbres y tradiciones. Sin embargo, esto conlleva necesaria confrontación porque esa es la finalidad del proceso de definirnos: entender y aceptar al otro como diferente y en ese proceso nos conocemos a nosotros mismos gracias a que el otro funciona como espejo.


Un ser humano de mente egoica es aquel enmarcado en las emociones básicas de placer y dolor, eligiendo el primero sobre el otro, lo cual parece sensato y básico de los mecanismos naturales de sobrevivencia.

Sin embargo, reprimir el dolor se ha vuelto un sistema bastante complejo y sofisticado. Ha implicado sellarlo con medios tan cotidianos como lo hacen los analgésicos, las sustancias alteradoras de la conciencia, las  adicciones de todo tipo, la evasión en el entretenimiento que brinda el mundo digital donde podemos horrorizarnos de los eventos dolorosos de otros pero a la vez, podemos cambiar de canal y  elegir no ver, no saber, manteniendo el estado dopado y dormido característico de la fría e insensible mente egoica.


De aquí se deriva otro patrón muy común en los individuos condicionados por la mente inferior -análoga a la mente emocional- y es el de generar juicios a partir de lo que me gusta y no me gusta; de reaccionar en base a la rama simpática del sistema nervioso central sin darse el tiempo de asimilar y reflexionar, respuesta propia de la rama parasimpática del mismo sistema; de vivir en permanente reacción, lo que genera el estrés, enfermedad de la época actual y que puede conllevar a la ansiedad, a la depresión, a los ataques de pánico.

El ser humano actual está enfermo como lo está la sociedad que ha constituido. Si despierta a su dolor, puede fácilmente elegir comportamientos suicidas, de rebelión a la opresión que vive como individuo y colectividad. Puede abusar y matar. El ser humano actual,  sea gobernante o ciudadano del común, avergüenza a la raza humana, aunque quizás tal cual como el humano de siglos atrás. Finalmente, el individuo en esta tercera dimensión está en función de su ego y así ha sido durante los últimos 5.000 años de historia.


Hoy en dia hay mucha información al respecto de la salud mental de nuestra sociedad, hay caminos de sanación que son soluciones propias que brinda la conciencia que yace en el fondo de cada ser humano y que en momentos de crisis suele despertar y empezar la búsqueda para restablecer su equilibrio tanto de mente como de cuerpo. Estas vías de sanación hoy contemplan al humano como un componente integral de su esfera física, mental y emocional que le devuelve su esencia espiritual y en ella concilia la razón de su existencia gracias a la aceptación y el reconocimiento de sus errores, de sus pruebas, de su dolor.


Sin estos procesos de sanación que tanto individuos como sociedad requieren,  no puede restablecerse el ambiente de armonía y de paz que requiere la humanidad para superar esta dimensión de conciencia del ego en la cual predomina la visión distópica de concebir la realidad como buena o mala y con la cual solo se crea separación.


La visión acertada de la realidad sólo puede concebirse como una totalidad, como una unidad inseparable de componentes que se afectan unos a otros. Este es el marcador definitivo de la nueva era. Esta filosofía ha nutrido múltiples sociedades y culturas que han batallado por la defensa de una sabiduría por mucho tiempo vedada pero recuperada hoy por la misma necesidad del ser humano de reconocer su esencia divina y en ella, el amor y la conciencia para asumir su responsabilidad con todo el planeta porque el significado de Gaia es la conciencia colectiva de la humanidad.


Aquí radica la naturaleza del cambio de era. Aquí se explica su trascendencia e importancia. De aquí se deriva una nueva visión que no debe de ser apocalíptica porque la vida en el planeta no se extingue, porque el universo continúa en expansión, porque los desafíos sólo pueden ser enfrentados cuando asumimos de nuevo ser guerreros del arco iris, guerreros de la luz.


El humano terrestre siempre ha divinizado su existencia por el puro reconocimiento de lo sagrada que es la vida y la oportunidad que brinda el disfrute de la creación y la admiración de la Naturaleza, de sus mecanismos y funciones, de las relaciones entre especies, del conocimiento que ha derivado de la observación y la experiencia. Su mayor desafío sigue siendo el respeto por el otro que supone la igualdad entre todos los seres humanos y del que se deriva el amor y su resultante, la compasión. Por eso nacemos y morimos las veces necesarias para aprender esta lección gracias a la ley de la evolución.


Para la Nueva era, la conciencia de unidad se restablece en el humano y da paso a la quinta dimensión para aquellos que realicen ese trabajo personal que no implica el aislamiento sino por el contrario, el trabajo con su propio karma, con sus relaciones con los demás y con su entorno.


Para esta época de la humanidad somos asistidos por energías divinas que están disponibles para el avance espiritual necesario porque lo material ha llegado a su punto de inflexión y es preciso restituir el equilibrio de las fuerzas que nos conforman como humanos divinos que somos en esencia. De allí, el surgimiento de sectas religiosas, de fanatismos  y de caminos espirituales antiguos y modernos que demuestran la variedad de posibles soluciones para el alma acongojada y para la alienación de la persona.


El concepto de Dios como ser antropomórfico que gobernó la pasada era de Piscis ha estado permutando a una entidad más etérica que puede ser descrita como la Fuente de todo lo existente y que de manera más aterrizada puede ser simplemente la conciencia de la Presencia que no es sino la conciencia del aquí y del ahora, un estado que se sacude de la medida del tiempo pasado/ futuro y que va de la mano con la noción recuperada en el experimento de la Pandemia del 2020, de que la vida, en general, es incierta y depende más de la fe y la confianza, que pertenecen a lo intangible y desconocido de la esfera espiritual del ser. Por el contrario, la tendencia al control y a la seguridad son actitudes de la mente egoica que le impide una concepción más integrada a los ciclos naturales pues lo artificial jamás podrá reemplazar a lo natural. La recuperación de la conciencia de unidad nos hace conscientes de que somos parte de un todo que es a la vez, la relación con el entorno natural y social y que es por último, la conciencia de Gaia.


Es este el marcador de cambio de era por excelencia. Y así como hay que entenderlo, también hay que vivirlo. De allí, los cambios en el estilo de vida hoy tan populares que comienzan con los cambios de modos de alimentación, con la actividad sana del ejercicio físico, la relajación y la meditación, con el reciclaje, con la relación amigable con otros organismos vivos, con la comunión con la naturaleza, con la medicina alternativa, etc.

El ser humano actual se debate por ganar su sustento honestamente eligiendo hacer lo que le gusta y es su pasión, creando redes de conexión y de intercambio, formando comunidades o ecoaldeas, poniendo una huella más humana en cada acto y creación.


Ante este panorama de cambio de era, que ha de expandirse por dos siglos y este es apenas el principio, podemos aprovechar la capacidad co creadora del espíritu en nosotros y proyectar sueños confiando y comprendiendo que la agudización de las fuerzas de luz y oscuridad siempre son señales inherentes al cambio y que si miramos al Universo y su palpitar, podemos asegurar que a partir de este año 2024 presenciaremos signos inequívocos de cambios de conciencia reales  pues toda crisis delata con claridad lo que se vivencia, saca a la luz lo escondido, lo putrefacto, lo que ya no sirve y debe ser transmutado.


Para unos, este cambio de era es un cambio de conciencia en el que el ego debe morir para dar cabida a la conciencia de unidad cuya directriz es ahora ese segundo cerebro, que es el corazón, entendiendo que el primer cerebro es un receptor y transmisor del campo de energía universal pero es el corazón, el centro de acción para una conciencia mayor que congrega y abraza para así sanar con el perdón y la reconciliación, las diferencias que nos han separado como individuos y pueblos.


Un mundo a partir del ejercicio del amor puede sonar utópico pero es un asunto de mirar al interior y escuchar el llamado del alma para así tomar las riendas de nuestra grandeza y de nuestro porvenir y el de las generaciones que nos sucedan.


Es un acto de connivencia que nos catapulta a esa dimensión para dejar de ser esclavos de la mente egoica sobre la cual está erigido el mundo vivido en los pasados siglos de auge y decadencia de la civilización occidental y que involucra a todo el planeta sometido a un régimen hegemónico del cual no se puede esperar nada diferente a lo que la realidad nos está manifestando todos los días. Un acto existencial en el que se viva por los fines en sí mismos y no por los medios para lograr nuestros fines: esta diferencia nos conduce a una ética donde evitando manipular y controlar a modo de la mente egoica, nos disponemos a actuar en base a lo que nos corresponde hacer y sentir en coherencia y a conciencia con nosotros mismos y con los demás y con el entorno donde nos corresponda estar.


Necesitamos volver a entender el concepto de comunidad, esa comunidad que aún guardan diversas tribus. Debemos retomar esos principios y convertirlos en realidades funcionales en la era de Acuario. Ser individuos íntegros y a la vez, ser comunidad, admitiendo y permitiendo las diferencias y agrupándonos en torno a valores operativos en la comunidad o tribu a la que pertenezcamos.


Que los jóvenes logren formar comunidades como individuos, parejas y familia.

Que volvamos a la tierra y al mar con prácticas sostenibles

Que consumamos lo que necesitemos para vivir de manera simple y respetuosa.

Que desarrollemos una relación fresca con el planeta reconociendo su valor intrínseco y extrínseco, reafirmando el paradigma de la Tierra como madre y en torno a ella, una comunidad que restablezca los valores para vivir en ella de manera armónica y equilibrada!


En ese sentido, esta nueva era es posible porque ya existe en la conciencia cósmica , en este sentido no es nueva. Lo que es nuevo es la oportunidad!


Comunidades a través de la historia de la Humanidad han sido guardianas de este saber que parte de una relación sagrada al reconocer que somos una unidad con la vida que palpita en el planeta, porque Gaia somos todos. Esta conciencia planetaria ha de crecer en este siglo. Recuperar su sacralidad es el inicio de un camino que nos lleva a posibilitar un cambio de conciencia. El reconocimiento ha de venir desde el interior del individuo para hacer parte de una comunidad donde el poder del ego sea desafiado con la fuerza del amor.


domingo, 23 de abril de 2023

ISLA A LA DERIVA



Cuando llegué a vivir definitivamente a esta isla hace 30 años, ya en mi mente de antropóloga estaba clara la situación socio cultural que la definía como un espacio pequeño que albergaba una aguda contradicción en su poblamiento en un corto período de tiempo de su acelerado devenir histórico. Se trataba de la dualidad paña/raizal (español/nativo) que la mentalidad de muchos no tenía en cuenta la realidad del llamado fifty/fifty o 50/50 que alude al mestizaje ya existente de esos dos pueblos, uno nativo y otro continental proveniente de Colombia. La concreción de ese mestizaje ha continuado en tanto la población continental ha seguido arribando hasta llegar a ser mayoría hoy en día. Así mismo, la población resultante de esa mezcla lleva a lo sumo unas 5 generaciones.

Sin embargo, hoy seguimos hablando de pañas y raizales, cultivando en el cuerpo mental y emocional una brecha que sólo ha servido para dividir y menoscabar una comunidad nativa que nunca ha sido de una sola raza catalogada como una etnia afrocaribeña con ancestro inglés como las de otras islas del Gran Caribe. Una etnia que se ha mezclado con una población continental ya mestizada pero que al igual que la raizal, es producto de la colonización de toda nuestra América.

Esta conceptualización integral de la población no se ha arraigado porque ha primado la diferenciación, la resistencia, la alienación a pesar de ese mestizaje o a causa de él. Y los efectos de esa falta de apersonamiento de quiénes somos y por ende, cómo vivir con amor al territorio, ha estado causando una brecha cada vez mayor que amenaza con la supervivencia de todo un ecosistema terrestre y marino. El desorden producto de esa falta de pertenencia y los diferentes y contradictorios intereses económicos y políticos de los estamentos sociales están llevando a la isla a la deriva.

La dependencia de una industria turística como ingreso principal de la mayoría está siendo amenazada por la crisis de las aerolíneas de estos últimos meses. Pero la visión cortoplacista nos impide hacer conciencia de la raíz de los problemas que estamos enfrentando desde hace mucho y que han seguido aumentando desde los años 50. La desorientación de un modelo turístico que genera ingresos pero que afecta los recursos naturales por la carga poblacional que ya existe solo con los residentes legales e ilegales y la falta de visión de los líderes políticos y sociales de los diferentes grupos que jalonan la dinámica social, son causas determinantes de una armonía perdida que alguna vez se dice que existió.

Las condiciones de subdesarrollo están sembradas en la mentalidad de los seres que habitan la isla por la falta de una educación apropiada en valores y conocimientos, por la incapacidad de respeto de normas que ayudan a la convivencia y al cuidado del medio ambiente, atenidos a una sociedad de consumo que conduce a satisfacer hábitos creados que terminan siendo dañinos tanto al individuo como a su entorno.

Esa conciencia limitada y esa dependencia de fuera de la mayoría de recursos para subsistir nos ha vuelto apáticos para ser creadores de un buen vivir en este llamado paraíso prestándonos a ser depredados por un sistema neoliberal que nos ha alienado en nuestra misma casa. Cada vez el diálogo es más difícil, el antagonismo es mayor, nos la pasamos de queja en queja, en reclamos, en juicios hacia los demás. Nos asusta mirarnos al ombligo porque no tenemos la capacidad de autocrítica por estar tan determinados por nuestro propio ego y el de los demás, por tener un horizonte limitado por el océano y un espacio constreñido a una isla. Esta estrechez física y mental condicionada a depender de políticas de afuera y a conceptos anacrónicos sobre cómo estamos conformados como raza, etnia, o población, nos está llevando a la extinción.

El ser humano es responsable del mundo animal y vegetal. Estos se adaptan a las condiciones que nosotros les creamos pero nosotros estamos cada vez más desatinados en las conductas apropiadas para poder defender y potenciar los recursos propios hasta ahora descuidados por la dependencia de un modelo de vida insostenible convirtiéndonos en  depredadores de nuestro propio territorio.

Las crisis son oportunidades pero en un espacio contenido que no tiene opciones de escape o fuga, pueden convertirse en terreno explosivo y crear más daño que posibilidades. Mientras estemos a la deriva hay probabilidad de anclaje pero también de hundimiento y extinción.

Estos últimos años en esta isla me han llevado a reflexiones que concluyen en que los pobladores requeridos para hacerse cargo de que la isla encuentre el rumbo que necesita para sobrevivir son aquellos que defiendan la sostenibilidad con consciencia de las limitaciones de su entorno natural y de la preservación de sus recursos ya que la adaptación al medio es exitosa  cuando se crea a partir de las condiciones de un territorio que por sus características de insularidad, determinan su organización social y económica y no debería importar ni depender de modelos socioeconómicos que no son coherentes ni amigables con el territorio. ¡Como tampoco si somos pañas, raizales o miti-miti!

Lo que define al humano hoy no es su origen étnico o racial, su patria o su religión, sino su espiritualidad de conciencia planetaria, su amor y respeto al territorio que habita, lo que finamente determina el modo de vida social y económico. Es allí donde nace la cultura y es en ese escenario donde se forja la personalidad y se construyen las relaciones, la familia y la sociedad.

Ese es el proyecto de la Nueva Era de Acuario para la isla en que vivo!

San Andres Isla, Colombia



 



 

jueves, 29 de diciembre de 2022

EL PODER DE LA INTENCION



En estos días de fin de año solemos definir intenciones como proyecciones y deseos para un nuevo ciclo anual. Sin embargo, es importante entender que las intenciones no son lo mismo que las peticiones o logros y metas ya que estas últimas están atadas a resultados. La intención, por el contrario, es una dirección sin apego a un fin particular.

Cuando enunciamos peticiones, deseos y logros, solemos crear expectativas, pero no disfrutamos el proceso sino que nos lo sufrimos pues toda expectativa tiene como probabilidad la frustración. Nos enfocamos en motivaciones que usualmente están conducidas de manera inconsciente por el karma e invertimos toda nuestra energía en obtener resultados creyendo que lo que necesitamos, lo que nos hace falta, está fuera de nosotros.

La vida no transcurre de logro en logro, la vida sucede de momento en momento y al engancharnos en lo que buscamos, dejamos de vivir en el presente que es lo único que existe y nos involucramos en dar todo de nosotros mismos por esa meta, dejando así de vivir el proceso, la vida misma. No es de extrañarse que actualmente la enfermedad por excelencia es el estrés. En el mundo de la dualidad donde reina el ego nos mantenemos inseguros y por ello buscamos saciar nuestra ansiedad con cosas, haciendo proyectos, definiendo estrategias, invirtiendo energía.  Para el mundo desconocido que es más vasto aún del que conocemos, la intención es requisito por su fuerza integradora y organizadora. Porque nos da una dirección, nos permite poner la atención donde queremos que vaya, porque lo que queremos al final debe de estar desde el principio.

La intención como la ha planteado Wayne Dyer en su libro El Poder de la Intención (2004) es una fuerza que existe como ley universal a la que nos alineamos gracias al reconocimiento de nuestra naturaleza divina y ese reconocimiento implica recordar las palabras de Jesús: El reino de Dios está dentro de ti.

Por ende, todo lo que buscamos ya está dentro de nosotros mismos.

Definir entonces nuestra misión o propósito como almas en este presente en el que devenimos como personas es la intención primaria.

Esa intención por si sola alinea nuestra práctica de vida. El propósito del Yoga es estar aquí y ahora. Nos entrenamos para obtener algo más adelante pero no sabemos cómo estar con nosotros mismos, aquí y ahora. En la intención, yo soy es el centro; en el logro, lo que busco y obtengo es lo central.

Podemos canalizarnos y reenfocarnos con intenciones secundarias que nos ayuden en el proceso de ir en la dirección de la intención primaria. Estas intenciones secundarias resultan de comprender los patrones kármicos como programaciones mentales, hábitos que nos impiden realizar una evolución consciente hacia nuestra intención primaria, obstruyéndonos la percepción de nuestra verdadera naturaleza.

La intención primaria requiere de un compromiso, de poder soltar y relajarnos ante toda duda, temor e inseguridad en el proceso, en el camino de nuestra autorrealización. Esta intención tiene que ver con el aspecto permanente de nuestra naturaleza. Nace desde ese observador que desarrollamos en la práctica del yoga donde recordamos que somos una expresión única y manifiesta de la Divinidad, que somos instrumentos de la Presencia para el plan divino en la Tierra.

El propósito al definir nuestra intención no es manifestar lo que deseamos sino usar el principio de manifestación para que sirva a la más alta expresión y realización de mi ser. Buscamos que la intención nos lleve a un estado interno de integración, armonía y paz independiente de las circunstancias externas. De allí que se trata de mí, como común denominador de las experiencias de mi vida.

De esta manera no dependemos de la realidad externa para definirnos pues ya hemos conseguido identificar ese propósito del alma de existir en este cuerpo, a través de ese Yo que conforma la personalidad que traigo para desarrollar y transformar con la ayuda de esas intenciones secundarias que van variando al hacer ajustes para mantenernos en la conciencia de nuestra intención primaria. Algo que además de complejo exige disciplina e introspección y es definitivo para nuestra evolución consciente.

Es a través del reconocimiento de mi esencia divina como puedo mantener mi conexión a la Fuente, al Gran Espíritu, al Ser. Y ese es el poder de la intención primaria pues al definirse se hace consciente, se refuerza con cada acto de reconocimiento en estados contemplativos y en los momentos desafiantes que trae la vida, opera como talismán o salvavidas, como opera un mantra porque esa intención primaria se convierte en nuestro propio mantra.

Por esa razón es que no necesitamos enfocarnos tanto en evaluar y analizar porqué somos como somos, sino que al mantenernos atentos en la intención primaria, podremos conducirnos a través de la vida, fluir con ella y conseguir liberarnos de las ataduras kármicas que nos obligan a repetirnos y conllevan sufrimiento y esclavitud a los patrones de comportamiento y programaciones heredadas por la sociedad y la familia.  

El poder de la intención primaria se debe a su capacidad de alinearnos con la vida misma, independiente de los ciclos del tiempo. Es una verdad que se refuerza al cultivar nuestra conexión a nuestro verdadero ser, al proyectarnos desde el corazón en cualquier momento y lugar y que se mantiene activa en cuanto nace del alma, en frecuencia vibracional con nuestro Ser Superior.

martes, 20 de diciembre de 2022

LA FUERZA DEL AMOR


 

Hay una fuerza en el universo creado a la que se le asigna un poder creativo llamada Amor.

Se dice que esa fuerza emana de la Fuente Creadora, pero requiere para su existencia de la experiencia de entrega y generosidad, es decir, es una fuerza dadora sin condiciones y por ello, hacemos una distinción entre el amor apegado a fines y resultados y el amor que da sin esperar nada a cambio, como un fin en si mismo.

Es una fuerza inspiradora en nuestras relaciones humanas, pero compleja de ejercer desde esta humanidad que somos debido a la existencia del ego.

El ego es un elemento ineludible de desarrollar en nuestro patrón de crecimiento en esta tercera dimensión de conciencia y se distingue por ser un concepto separatista y, por ende, incompatible con la fuerza creativa del amor.

Desde la vivencia del ego, la experiencia amorosa es relativa a los apegos y a las condiciones, por lo tanto, es limitada. La conciencia de unidad la podemos experimentar en la reconexión con la naturaleza y en el servicio a los demás, como ejercicio de amor incondicional. El camino de la meditación deriva en esa experiencia de fusión y por ello es el método por excelencia de la liberación y de integración a la Fuente.

Para que esta fuerza se active en nuestro ser necesitamos emprender un camino de conocimiento que nos permita vivenciar y así, comprender de qué se trata el amor.

Cada uno de nosotros trae inclinaciones y tendencias producto de nuestros samskaras o huellas marcadas por hábitos y programaciones donde podemos encontrar un bagaje que nos oriente para evaluar ese camino hacia una conciencia de la fuerza trascendente del amor.

Si tenemos inclinación a disfrutar experiencias con el paisaje, con los animales, con los niños, vamos a poder aplicar ese sentimiento amoroso que nos despiertan y si, por el contrario, descubrimos tendencias a resentimientos o rencores, podemos darnos cuenta de aquello que nos impide ejercer un amor liberado gracias a que esa fuerza está presente en todo momento y crea a toda hora, es permanente y así mismo es eterna.

Ese trabajo de concientización lo empezamos desde nuestra primera encarnación porque al separarnos de la fuente creadora y adquirir la capacidad de reflexión y crítica con el desarrollo del cerebro, sabemos profundamente que la misión es recuperar ese paraíso perdido, la pertenencia a algo más allá de la propia identidad y así superar la ansiedad con que nacemos cada vez.

Desarrollar la conciencia en esta dimensión exige vivir la dualidad hasta superarla, saborear el sufrimiento y el dolor para trascenderlos y asumir la carencia de afecto para sustituirla con la fuerza del amor presente en cada uno, pero dormida en la conciencia individual y colectiva.

¿Como despertar a la fuerza del amor?

La fuerza del amor es un flujo eterno, como un rio que emana de la Fuente Creadora y no se detiene. Para fluir en él necesitamos de fe y confianza. Sin embargo, ambas son ajenas al ego porque éste se afirma en las estructuras de las creencias y la fe y la confianza son aspectos sobre naturales del ser que al ejercitarse con las experiencias, se convierten en herramientas para manifestar las intenciones que se nutren con la luz de la conciencia y con la fuerza del amor.

La base de la fe y la confianza es la entrega, el dejar ser, el coraje para fluir con la vida donde sea que ésta te lleve. La ausencia de miedo es el fundamento de la fe. La ausencia de miedo es amor porque lo opuesto al miedo es el amor.

La luz de la conciencia iluminará así nuestro corazón y podremos abrir las puertas de ese espacio sagrado sin temor, sin cobardía o egoísmo, con plena confianza de que nos alimentamos de la fuerza creativa del Amor para expandirla y elevarla y así mismo, participar en el momento de cambio de dimensión al que estamos abocados como planeta y galaxia.

lunes, 2 de mayo de 2022

LA REVOLUCION DESDE ADENTRO(II)

                                                

La pandemia o estado de emergencia languidece y volvemos a la normalidad que perdimos…será cierto que la nueva normalidad perdió vigencia al retornar a ésta que se ha ido instalando poco a poco?

 

No podemos ignorar que los tiempos de pandemia nos afectaron dejando experiencias novedosas, tristes o satisfactorias. En cuanto a mi, creo que ahondé en procesos urgentes en mi alma a la que en ese aislamiento obligatorio, logré escuchar con más claridad. Por lo general, la vida nos habla de muchas formas pero siempre escuchamos lo que va de la mano con la vida actual y cotidiana y apartamos cualquier aviso que se presente si no hace parte del compromiso con las acciones y relaciones inmediatas. O al menos lo posponemos. La pausa que nos posibilitó la pandemia fue determinante para muchos.

A la mayoría de las personas, la vida las va dirigiendo ya que saber qué hacer de acuerdo a lo que la vida les muestra, es un talento que suele adquirirse con la experiencia, más aún si ya no estamos supeditados a programaciones fijas. Es normal tener temor a los cambios porque vivimos en sociedades que nos controlan y en vidas que creemos controlar. Esas situaciones parecen convenirnos porque la repetición y su hábito, a pesar de lo monótono que pueden ser, brindan seguridad. Y la vida social ha estado enfilada a esa seguridad que llamamos progreso y que trae supuestamente éxito al obtener lo que se nos ha creado como requisito para vivir acorde a las normas sociales.

Difícil siempre ha sido sacudirse de éstas y pretender cambiarlas! Pero cuando la sociedad misma entra en estado de congelamiento o al menos, así lo experimentamos como realidad personal, algo inédito surca en nuestro campo de energía que es colectivo y por ello adquiere una trascendencia sinigual a la que puede sucederle solo a un individuo.

Siempre necesitaremos que aquello que nos motiva a un cambio surja de nuestro interior para que podamos identificarnos con ello. Sin embargo, muchos de los trazados que le damos a la vida tienen más peso familiar y social que personal y autónomo; pero algo mucho más grandioso sucede cuando captamos que todo un colectivo comienza a responder a los mismos denominadores comunes de su existencia en la Tierra.

Quién puede hoy en dia aislarse del cambio climático y de la urgencia que amerita una respuesta de la sociedad humana?

Quién puede hoy negar las necesidades creadas que nos brinda una sociedad consumista?

Cómo no ver la contradicción entre economía e inequidad?

Cómo negar los fenómenos de corrupción a un nivel cada vez mayor en las instituciones?

Estas cuestiones ejemplarizan lo afectados que estamos todos en esta sociedad global en la que vivimos y experimentamos como colectivo, más allá de las diferencias que nos asisten como países, culturas, tradiciones, ideologías, etc.

Cada vez son más evidentes los hechos que señalan contradicciones en la estructuración de una sociedad basada en un exceso de materialismo que nos lleva a la entropía.

Hay muchas voces surgiendo y planteando nuevas rutas para diseñar futuros más elocuentes y menos dañinos con el planeta que habitamos y más amorosos con los otros que vemos como diferentes. Esas voces resuenan en nosotros porque cada vez más el campo de energía que nos envuelve es más nítido y claro en manifestarse. Y porque a la vez en nosotros mismos se opera el fenómeno de una conciencia más sensible, expandida y abierta a captar vibraciones superiores a nuestros pequeños egos…Y esto sucede a una escala cada vez mayor que nos hace creer en verdades eternas, anidadas en el alma, que despiertan y resuenan dándonos un nuevo principio de realidad.

Esta vez no me remitiré a las profecías ni a los cambios planetarios…!

Simplemente quiero rescatar esa voz interior que se manifiesta con poder para hacernos despertar a un presente que nos conduzca al futuro que necesitamos para instalar la armonía y la paz con las cuales se construye y se crea la vida después de las tormentas.

Escucharla es lo que tenemos que hacer partiendo de nuestra propia vida que tiene que ver con la forma como elijo relacionarme con el entorno natural, familiar, colectivo; si mis acciones nacen de la coherencia entre mi pensar y sentir; si no generan daño ni ofensa sino que por el contrario son solidarias y compasivas. Cuando nos alineamos con esa verdad interior que es el alma, brotan manifestaciones y actos genuinos y auténticos y nace y crece la confianza para empoderarnos sin necesidad de secuestrar el poder de otros.

Empezamos a aprender de la humildad que requiere reconocer nuestros errores, respetar las diferencias y solidarizarnos con los débiles de cuerpo y espíritu. Aprendemos a decir no y a seguir nuestro camino. Y entendemos que las instituciones no son las personas y esas personas al no identificarse con ellas, deberán dar el paso al llamado de su verdadero ser. Y así, al ir afianzando el coraje que nos da escucharnos y la fuerza que nos empuja a esa verdad que tiene un eco en el exterior, podremos cambiar el mundo.

La creatividad que surge en la inspiración será para sembrar futuros que siempre hemos soñado y para que nazcan, hemos tenido que atravesar tiempos oscuros de ignorancia y sometimiento a egos mayores y poderosos. Gracias a superar el sufrimiento es que cruzamos el umbral a un nuevo estado de ser y de allí a la posibilidad de crear el sueño amamantado durante siglos.

En el mundo actual hay mucho aprendizaje cosechado en estos dos años pasados. Aparentemente, es la misma sociedad normatizada existente antes de la pandemia. Pero en esencia cada uno ha vivido lo que necesitaba para escuchar su interior. Y creo profundamente que esa escucha nos congrega, nos conecta y nos conduce a la nueva humanidad.

Una nueva humanidad que vinimos a construir!

 

                                      





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